Farmacia asistencial vs Farmacia comercial. ¿Qué tal si superamos esa dicotomía?

#profesión

Vaya de antemano que en esta primera entrada no voy a cumplir la máxima de “en los blogs, textos de menos de 200 palabras”. He bautizado el mío como “Un blog atípico” precisamente para no tener que ceñirme a ninguna regla preestablecida. ¡Y me encanta!

Ya hace bastante tiempo que reflexiono sobre una de las grandes dicotomías de nuestra profesión: farmacia asistencial vs. farmacia comercial.
Determinados foros y sectores, algunos de gran importancia y calado profesional, se empeñan permanentemente en segmentar a las farmacias sin contemplaciones: o eres comercial o eres asistencial. Pero no puedes ser las dos cosas a la vez.
Con demasiada frecuencia hablan de “farmacias de perfil comercial” y otras “asistenciales” e incluso los propios farmacéuticos se describen como “Yo soy un farmacéutico asistencial: lo que más me preocupa es dar un buen consejo a mis clientes*, un buen trato, y que me vean como un buen profesional sanitario”. ¡Eso no es ser un farmacéutico asistencial, es ser un farmacéutico. ¡A secas!
Por el contrario, las farmacias que tienen un espacio comercial de gran tamaño, con una buena propuesta de productos de parafarmacia, con acciones promocionales de producto muy visibles y con buenas estrategias de animación del punto de venta son percibidas y descritas por sus colegas de profesión como “farmacias comerciales”. En este caso, ¿no habrá algo de envidia oculta por ahí detrás?

Mal vamos si tenemos que definirnos de alguna manera.
¡Creo que somos la única profesión que se “auto-segmenta” así!

No vemos a los arquitectos definirse como “arquitectos comerciales” o “arquitectos asistenciales” en función de si creen que unos aportan más a la sociedad que los otros o en función de la cifra de facturación de su despacho.

Así que, para superar esta división estúpida, he pensado que el mejor término para definir lo que las farmacias son –si es que hace falta definir algo– es el de “asistencio-comerciales”. (No, la RAE no me lo ha aprobado aún…).

Todo los farmacéuticos titulares de oficina de farmacia deberían reconocerse como “asistencio-comerciales”.
Es decir, farmacéuticos que tienen como objetivo único e inequívoco convertirse en “prescriptores de mostrador”. Farmacéuticos en cuyas farmacias, partiendo de un gran conocimiento de los productos y servicios que configuran su surtido, se hacen propuestas que cubren en su totalidad las necesidades del cliente y que, como consecuencia, consiguen buenas cifras de facturación y de negocio. Farmacéuticos que no toleran las “dispensaciones mudas” (otro día hablaremos de ellas, también) y para los que su vertiente asistencial es real, diaria, constante y veraz.
Y a la vez, farmacéuticos que entienden que, para luchar con la competencia en parafarmacia, deben incorporar lo que esa competencia sabe hacer bien: dinamizar el punto de venta, tener productos en promoción, arriesgar en su propuesta de visual merchandising, comunicar de manera contundente, etc… y esto no está reñido con ser un gran profesional de la salud, sino todo lo contrario: los dos conceptos van de la mano.

Ah! Y ser una farmacia “asistencio-comercial” no depende del tamaño de la sala de ventas. Tan sólo depende de entender que debemos serlo. Sin más.

 

* Otro día abordaré este tema: ¿clientes, pacientes, consumidores, usuarios…? ¡Me encantan estas discusiones tontas!

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