No, no somos chiquiparks

#espacios

De un tiempo a esta parte se está dando en las farmacias un fenónemo que me tiene intensamente preocupada.

En su afán por aumentar la rotación de los productos, la industria farmacéutica empezó hace unos años a crear acciones de sell out más propias de un chiquipark o de un puesto de feria ambulante que de una farmacia: pinchar globos para tener un regalo, jugar a una ruleta y escoger premio, hacer un “rasca” en un display de cartón creado para tal efecto, abrir calendarios de adviento, descubrir qué se esconde detrás de un panel con flores, etc…

Esta “infantilización” de los espacios ha gustado mucho y las farmacias han incorporado estas estrategias sin ningún pudor, convirtiendo los espacios de venta de las farmacias en pequeños parques de atracciones y creando salas de ventas que se asemejan más a una tómbola que a un establecimiento sanitario.

Los que me conocen saben que soy una apasionada de las acciones de sell out y que aumentar la rotación de los productos de parafarmacia es una de mis obsesiones pero… no, no vale todo. Y convertir las farmacias en chiquiparks no es el camino.
La animación en el punto de venta no va de desarrollar acciones propias de un mercadillo ambulante sino que tiene que ver con construir experiencias de cliente personalizadas, presentar el surtido sorprendiendo con la puesta en escena, definir ambientes ad hoc para cada categoría, innovar en la prestación de los servicios, etc..

Se me ocurren un montón de ideas que se pueden llevar a cabo y ninguna de ellas se basa en globos, cartones de feria ni ruletas. Porque no, no somos chiquiparks.

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